cielo

Antes de que exista y se cree la “civilización” nuestros antepasados ​​vivían al aire libre. Bajo el cielo.
Antes de inventar las luces, los fuegos artificiales, los carteles luminosos, vimos las estrellas. La luna. El cielo y su real oscuridad.
Hay razones prácticas en el calendario, razones lógicas en los relojes, pero existe más que eso. Existe lo real.
Existe encontrarse de noche con un cielo despejado, empapado de miles y millones de estrellas.
Y no importa cuándo me encuentre con ese cielo, siempre me deja sin respiración.

Puchos

Me llamó la atención desde la primera vez que lo vi. Ahí estaba, en la mesa del jardín. En la caja de puchos.

Era verano. En verano las sobremesas familiares se hacen más largas; y las risas de mi tía también. Mi tía, rubia, bronceada, canchera, con sus infaltables anteojos de sol. Se acercaba a la boca, entre risa y risa, un pucho. También infaltable.
Pero el pucho no fue lo que me sorprendió. Lo que me sorprendió fue la caja. “FUMAR QUITA AÑOS DE VIDA” decía. No podía sacar la vista de ese cartel.
De algo estaba segura: mi tía sabía leer. Los demás que estábamos en la mesa también. Sin embargo, ella se llevaba un cigarrillo tras otro a la boca y a nadie parecía importarle mucho.
Me acordé una vez, hace mucho tiempo, le habíamos escondido la caja de cigarrillos, con mis primos y se puso como loca.
Nunca me sentí cómoda con la incomodidad del otro. Cuando alguien se pone incómodo saca sombras y oscuridades que me dejan sin saber qué decir.
Así que esta vez no me iba a meter en esa incomodidad que podía llegar a tener mi tía si yo le preguntaba sobre el cartel de su caja.

“FUMAR QUITA AÑOS DE VIDA”. El mensaje estaba claro. Todos sabemos que algún día vamos a morir, pero el tema es tan tabú, que la naturalización de ese cartel me llamaba la atención. Era verano. Era una sobremesa. Todos podíamos leer. Era mi tía quitándose años de vida.

Si todos podíamos naturalizar eso, se me ocurrió: ¿Podríamos neutralizar todo tipo de carteles de advertencia en nuestras vidas?
“COMER CARAMELOS TE ARRUINA LOS DIENTES”
“CRUZAR DISTRAÍDO LA CALLE, CAUSA TU MUERTE”
“VIENDO ESTA PELÍCULA, PERDES TIEMPO DE VIDA”
“TRABAJAR ACÁ NO TE VA A HACER FELIZ”
“ENAMORARTE DE ÉL TE VA A ROMPER EL CORAZÓN”
“ENAMORARTE DE ELLA CAUSA DAÑOS IRREPARABLES EN TU VIDA”

¿Seguiríamos haciendo todas esas cosas, como hacía mi tía hacía con los cigarrillos?

No solo los puchos matan. Y tampoco hay una sola forma de morir. El punto es, ¿Necesitamos que nos recuerden que podemos morir para poder tomar buenas desiciones? ¿Hay buenas decisiones? Quizás, simplemente, es parte de nuestra naturaleza hacer esas cosas que “quitan años de vida”.

-Belén ¿te sirvo helado o no?

-Eee… sisi servime helado tía, porfa.